¿Qué es la salud mental?
¿Qué es estar sano/a?, la Organización Mundial de la Salud (OMS) menciona que la salud es “el completo estado de bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Sin duda esta definición nos hace preguntarnos ¿es esto posible o será que no existe un completo estado de bienestar?
Acerca de la salud mental, la OMS la define como «un estado de bienestar en el cual cada persona desarrolla su potencial, puede afrontar las tensiones de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera, y puede aportar algo a su comunidad».
La salud mental se da en un proceso complejo, en el que se ponen en juego y tienen un rol fundamental los componentes históricos, culturales, socio-económicos, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implican una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona. Esos se llaman determinantes sociales y generan barreras u oportunidades en la vida de las personas.
La salud mental le da forma al mundo en que vivimos
En un estado de bienestar, la salud mental sustenta nuestras capacidades individuales y colectivas para tomar decisiones, establecer relaciones con los otros (sujetos y objetos) y dar forma al mundo en el que vivimos, pudiendo transformar la realidad y transformarse uno mismo. Es, además, un derecho humano fundamental.
La persona, se constituye como tal en un proceso de interacción con el mundo, emerge de una compleja trama en la que se entretejen vínculos y relaciones sociales.
Cada época tiene su propia discursividad, no se enferma siempre del mismo modo. Las expresiones psicopatológicas responden al espíritu de la época y se va modificando lo que se reconoce socialmente como síntoma.
Síntomas, sufrimiento psíquico y resilencia
El ser humano ha recurrido a diferentes actividades a lo largo de la historia para poder hacer algo con el sufrimiento: reprimirlo, practicar deporte, yoga, religión, meditación, terapia y otros. Asimismo, distintos contextos histórico-sociales promueven en cada sociedad modos diferentes de sortear la angustia. Los discursos culturales proponen ideales que funcionan como modelos de identificación y el sujeto en su interacción con la cultura puede encontrar o no espacio para su angustia. Hay culturas que buscan erradicar la angustia y propensan la proliferación de síntomas que son efectos del amordazamiento del dolor.
De una comprensión más amplia del sufrimiento, se desprenden también acercamientos e intervenciones más integrales con el sujeto, la familia, el grupo, la cultura y la vida social. Esto instala al sufrimiento en un terreno de mayor humanidad y mejor eficacia y permite trabajar en la relación con los otros, con el trabajo, la capacidad de integrarse socialmente, los problemas de vivienda, la participación comunitaria, la existencia de amigos o sostenes afectivos, etc.
El sufrimiento es inherente al ser humano pero presenta un margen de libertad y es poder hacer algo diferente con aquello que causa dolor. Se trata no de evitar el conflicto, sino saber que este es posible y poder monitorear y regular las emociones, mantener proyectos que realizar, encontrar capacidad de resiliencia y establecer vínculos satisfactorios con uno mismo y con los otros.

Columna escrita por Ana Inés Cagnoli.
Psicóloga, publicista y pasante de Espacio Reconto
Fuentes:
Galende, E. (2008). Psicofármacos y Salud Mental. La ilusión de no ser. Buenos Aires: Lugar.
Ulloa, F (2011). Salud Elemental con toda la mar detrás. Buenos Aires: Libros del Zorzal.
Organización Mundial de la Salud (s/f). Salud Mental.Ver aqui


